jueves, 13 de octubre de 2011

Saonia*

Ilustraciónes Elena Rojo.

 La cabaña de Saona, estaba situada al lado de un riachuelo que salía del cielo y llegaba hasta su cabaña formando una pequeña piscina de agua cristalina y limpia.

Saona todos los días desayunaba junto al río, y después caminaba hacia las montañas a visitar a su amiga.
Aquel sitio era uno de los más bellos parajes que Saona había visto nunca, era un lugar muy especial con habitantes de lo más peculiares.
Los árboles de Saonia daban unas flores muy especiales, cuando éstas caían al suelo eran recogidas por los Saonios, con ellas hacían un aceite muy especial llamado Ricinia, con el cual curaban cualquier herida o problema que tuvieran estos habitantes en su piel.
Saona había llegado a la Aldea meses atrás descumbriendo allí un mundo totalmente diferente, interesante e inquietante.

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